Los claveles son una de las especies florales más extendidas en España, y llega a ser una flor emblemática en todo tipo de fiestas populares o religiosas, como es la Semana Santa. Es la flor que adorna el pelo de uno de los clichés más famosos de España para los extranjeros, la bailaora de flamenco con bata de cola y lunares. Igualmente, es famosísima la canción cantada por las tunas musicales universitarias, “Clavelitos”, con la que rondaban a las mozas bajo sus balcones, que, como su nombre indica, está protagonizada por esta flor fragante y bonita.

El clavel es una flor asociada en el imaginario mundial con España y tenga relación con ello o no, la realidad es que la mayor producción de clavel como flor cortada de toda Europa se da en la localidad gaditana de Chipiona.

Es una flor mediterránea ya conocida en la antigüedad griega, cuando estaba dedicada al dios Zeus, y de ella existen alrededor de unas 300 especies, de las que las más conocidas son la deltoides, la caryophyllus, la dianthus barbatus, o la chinensis.

El clavel se encuentra en todo tipo de lugares, ya sea en jardines y parques. o en eventos y celebraciones, públicas y privadas, como bodas, celebraciones religiosas, el Día de la Madre, conferencias y fiestas, etc., pero dada su popularidad, se encuentran de otros muchos colores, como el blanco, el amarillo, el púrpura, el bicolor, el jaspeado…, siempre con sus bordes dentados tan típicos.

Los claveles son flores de buen tiempo pues necesitan una temperatura cálida. También necesitan otros cuidados y atenciones, y por eso te vamos a explicar cómo cuidar claveles con algunas pautas sencillas y precisas.

Claveles: Cómo cuidar claveles

La planta

El clavel, denominado en latín Dianthus caryophyllus, es una planta herbácea perenne que da flores casi todo el año, con unos tallos que pueden llegar al metro de altura. Se da en el arco mediterráneo, aunque se cultiva en muchas partes del mundo con un clima cálido.

Dada su belleza, es una flor básica en cualquier arreglo floral en todo tipo de composiciones ornamentales, ya sea en ramos, coronas o anillos. Por eso desde hace mucho tiempo los especialistas de la jardinería han realizado todo tipo de cruces e injertos, consiguiendo muchas variedades que han dado en un surtido amplio de colores y de formas. Otro efecto ha sido que casi todos los claveles pueden tener una floración continuada en las condiciones apropiadas de cultivo, fundamentalmente estar en un ambiente de temperaturas que no bajen de los 10 grados centígrados.

Hay variedades que son anuales y viven sólo un año, y otras son vivaces y duran varios años. Los pétalos son de bordes dentados y las hojas, triangulares. Para cultivar los claveles se utiliza la técnica de la plantación de esquejes de la planta, o por medio de semillas. Estas son la forma más común gracias a que ofrece mayores resultados de producción de flores.

Tipos de flores

Esta flor se presenta con tres tipos distintos de forma dependiendo del tamaño que alcanzan: la standard, o uniflora, que es la más grande, las mini, o spray, que en España se conocen popularmente como clavelinas, y las más pequeñas, que son las micro.

Siembra y reproducción

La siembra de los claveles depende de cada especie, fundamentalmente si es anual o vivaz. Los que son anuales se deben plantar en un lugar de interior, en semillero, cuando llega la primavera, en marzo, y cuando el calor vaya avanzando, y la planta ya alcancen un aspecto de lápiz, hay que replantarlas en macetas para, ya en abril o mayo, plantarlas en su lugar definitivo en el jardín o patio.

Los claveles que son perennes, hay que plantarlos en primavera, porque el verano y sus calores los perjudicarán, a partir de semillas, aunque también se pueden sembrar en otoño, dejando una distancia de 20 ó 25 centímetros entre cada planta. Se pueden reproducir a partir de los esquejes a partir de mayo, siendo algo que no ofrece mayores dificultades.

Si ya tienes una planta de claveles que te haya dado flores, entonces debes hacer algunos preparativos antes de que la primavera empiece, como podar la planta, cortando las ramas que se vean viejas o sean muy largas.

También puedes añadir algo de compost al terreno, a base de materia vegetal, removiendo bien la tierra alrededor de la planta para que el agua se absorba en proporción justa. Puedes añadir algún fertilizante compuesto para mejorar la floración.

Si estos cuidados previos los haces cuando los claveles ya están floreciendo, tienes que tener cuidado de que esta no se pare o reduzca. En este caso, sólo deberías podar un poco las ramas más largas y echar algo de fertilizante, y no hacer nada más.

Toma las ramas que hayas cortado que tengan el mejor aspecto, recórtalas a unos quince centímetros, y plántalas como esquejes en macetas o en un rincón del jardín que tenga sol, aunque no demasiado y mejor si le da por la mañana, y que tenga un buen riego continuado. Si ves que alguno de los esquejes están muertos, quítalos.

Cuando los claveles vayan creciendo, se utiliza la técnica de los pinzamientos, con lo que se consiguen flores más grandes. No se deben hacer muy altos, para que las flores no salgan muy débiles, por eso lo adecuado es hacer dos en lugar de uno. Uno, por encima del cuarto nudo del tallo, y el otro, sobre el tercer nudo, pero a los dos meses de hacer el primer nudo.

Recuerda que el terreno más favorable al buen crecimiento de los claveles es uno que sea poroso, drene bien y sea rico en nutrientes. Pero se adaptan perfectamente a otros suelos más pobres, incluso calcáreos, que podrás enriquecer con diversos abonos.

En cuanto al abono, el clavel es una planta que necesita muchos nutrientes, por lo que es conveniente abonarla una vez a la semana en los meses más calurosos, mientras que en el resto del año, será suficiente con echarle abono una vez al mes.

El riego

El clavel requiere ser regado de forma constante, pero moderada, sin ningún encharcamiento, porque si no se pudrirán los tallos. No tiene por qué ser diariamente en los meses menos cálidos, aunque sí cuando el calor llegue a sus temperaturas más altas en verano.

Normalmente, el clavel crecerá en una temperatura óptima de entre 10 grados centígrados por la noche, y los 22 a 24 en pleno día. Lo que hay que tener muy en cuenta es que el clavel no puede estar expuesto a condiciones climáticas de frío intenso, como las heladas. A 0 grados, los claveles mostrarán deformaciones y manchas en los pétalos.

También necesitarán riego diario cuando están recién plantados, para que el enraizamiento sea más fuerte y profundo.

La luz

Los claveles nacen en una planta que necesita mucha luz. Se deben cultivar a pleno sol, no en sombra, o semisoleados. La luz es básica para que cuando estén en plena floración den flores de gran tamaño y llenas de virgos. Además, deben crecer en zonas muy ventiladas, donde corra el aire.

La necesidad de sol de los claveles es tan grande que, si no la reciben en la cantidad y gran intensidad precisas, se verán afectados la rigidez de los tallos, así como la cantidad y el tamaño de las flores cuando aparezcan.

Las flores

Los claveles tienen una floración larga, dependiendo de las fechas en que fueron plantados. Si se sembraron en otoño, las flores aparecerán en los meses primaverales con todo su esplendor, y si se siembran de marzo a mayo, los claveles se dejarán ver a lo largo del verano y también en el otoño.

Una vez que los claveles están en plena floración y se quiere cortarlos para su almacenaje y venta posterior, se mantienen en unas condiciones muy concretas, como es que la tempera para conservarlas oscila entre los 0 y 1 grados, que se les dé un pretratamiento con un fungicida contra la botritis y se persigue que el ambiente esté libre por completo de etileno, al que el clavel es muy sensible porque lo madura y avejenta de manera muy rápida, echándolo a perder.

El etileno es una hormona vegetal que provoca la maduración rápida de plantas, verduras y frutas. Por ejemplo, en el típico caso de la manzana podrida que echa a perder el resto de las manzanas sanas en un cesto en que están todas juntas.

La flor cortada del clavel, si se conserva en una cámara fría y se le aplica alguna sustancia, como el sulfato de plata, que retrasa su marchitación, puede durar hasta cuatro semanas almacenada y en perfecto estado de buen aspecto para los típicos usos decorativos.

Enfermedades y plagas

Las enfermedades que más pueden sufrir los claveles son las originadas por los hongos, como la roya, que causa que en las hojas y en los tallos aparezcan manchas muy antiestéticas y dañinas. Este hongo se ve favorecido por el calor y humedad, por lo que se da más en el otoño y la primavera. Cuando se ven signos de roya, hay que tratarla con algún fungicida ecológico. También atacan los claveles varios virus, como el del jaspeado, y otros que hay que tratar adecuadamente.

Y hay varias plagas que les afectan de lleno, como los pulgones y la araña roja, que devoran la planta. Aparecen más en la época veraniega, con el calor más intenso, pero son fáciles de tratar con diversos insecticidas, preferiblemente ecológicos, que tendrán menos efectos secundarios sobre la planta.

Propiedades medicinales

Los claveles tienen diversos usos medicinales a base de plantas, y ya en el siglo XVIII hay referencias escritas sobre los efectos de las flores del clavel, como excelentes por sus efectos sudoríficos y para el cuidado del corazón.

También se recomienda para equilibrar la tensión arterial la bebida de una infusión a base de claveles blancos, alpiste y miel. La flor se usa también para eliminar problemas digestivos, los dolores de muelas, la tos, los nervios y el corazón débil.

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