El aguacate es un fruto de tipo tropical, por lo tanto, necesitan bastante calor y humedad, así como recibir gran cantidad de luz solar, todo ello es imprescindible a la hora de cultivarlo. Sin embargo, hay un aspecto que tener en cuenta, y es que cuando el cultivo se hace por primera vez, el hueso, que es la parte que se siembra, solo necesita recibir luz del sol, en determinadas horas del día, y no estar expuesto en exceso, pues eso lo deteriora, y dificulta su germinación.

Es normal que si el aguacate, está acostumbrado a crecer en climas que albergan elevadas temperaturas, el frío no sea beneficioso, así como tampoco los lugares, donde las tormentas, las lluvias y los fuertes temporales se produzcan de manera constante. Es por ellos, qué en ese tipo de climas, la planta del aguacate se debe de mantener cubierta, y no dejarla a la intemperie, es decir, se recomienda resguardarla dentro de una casa, o algún lugar cerrado. Hay que reseñar que existen diferentes tipos de aguacate, dependiendo del país, y algunos de ellos si son capaces de sobrellevar mejor los inviernos, y las temperaturas más frías.

El aguacate, necesita una tierra que sea rica en nutrientes, y que quede libre, de esta manera, no se aguará, y tendrá una ventilación adecuada, para que se desarrolle su crecimiento. Esta tierra tardará en utilizarse sobre el aguacate, ya que su cultivo necesita llevar a cabo una serie de procedimientos previos, en el que es el hueso del fruto el que necesita estar sumergido en agua hasta que el tallo y las correspondientes raíces se hayan formado.

El aguacate, necesita que la tierra donde sea cultivado tenga ácido el ph, es decir que no tenga menos de 5 ni más de 7, si resulta que la tierra tiene altos los niveles de ph, el fruto no tendrá la suficiente capacidad como para coger los nutrientes necesarios, tales como minerales, que son fundamentales a la hora de crecer.

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Para cultivar un aguacate, tienes que coger el hueso, solo necesitas partirlo por la mitad, sin dañarlo, aunque es difícil ya que es bastante duro, tienes que lavarlo muy bien, para que no queden restos del fruto en él. A continuación, agarra un recipiente lleno de agua, y mételo dentro, debes procurar que al menos la mitad del aguacate quede totalmente sumergido, por lo que puedes emplear una técnica que es, introducirle tres palillos, por los lados, dejándolos apoyados en el la parte de arriba del vaso. La colocación del hueso también es importante hacerla bien, se debe poner mirando hacia arriba la parte que casi no tiene redondez, mientras que la parte que queda cubierta por el agua es más bien lisa, y suele sufrir ciertas decoloraciones, lo que hace más fácil la distinción de ambas partes.

El siguiente paso es encontrar el lugar adecuado, en el que colocar el recipiente, con el agua y el hueso, como se ha mencionado anteriormente, necesita buena luz, pero no durante las veinticuatro horas del día, por lo qué si se pasa en su exposición, se podría deteriorar, es importante que se vigile, y se cambie de posición o de lugar si fuera necesario. Cuando el agua baje, se debe de reponer, siempre tiene que ser agua fría. Esta rutina se debe repetir durante unos 40 días más o menos, hasta que se observe como empiezan a brotar las raíces, por la parte de abajo, y un tallo por la parte de arriba. Con el fruto del aguacate, hay que tener paciencia, ya que lleva su proceso, que siempre se realiza de la misma manera.

La altura en la que el tallo debe cortarse no puede sobrepasar los 14 centímetros de largo, siempre recibiendo una vigilancia constante, cuando alcance esa altura, se debe recortar a la mitad, así cada vez aparecerán más raíces, hasta que el tallo adquiera la forma de árbol, ensanchará y será más grueso. Una vez que esto se produzca, y se produzca el crecimiento de hojas, se trasladará a su correspondiente macetero, es importante que antes se le quiten los palillos, que tiene cruzados en su interior. Después de todo eso ya se podrá trasplantar a su tierra llena de nutrientes. Un dato a tener en cuenta es que el hueso ha de sobresalir un poco por la tierra, concrétamente la parte de arriba.

 

La maceta debe colocarse en mismo sitio dónde antes estaba el recipiente con agua, para que reciba luz del sol, pero no de forma directa ni durante demasiadas, horas. Como a cualquier otra planta o fruto, se tiene que regar bien, pero no en exceso, la humedad debe ser permanente, pero no hay que aguarla. Cuando el tallo alcance el largo de unos 29 o 30 centímetros, se deben empezar a podar las posibles hojas que aparezcan, se debe hacer una poda cuando el tallo sobrepase los 14 centímetros. Así las hojas se renovarán y crecerán más, se trata de un corte constante. La época más propicia para cultivar este fruto es la primavera, hay que tener en cuenta que se necesitan unos cinco años, o incluso más para ver aparecer los frutos.

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