Este fruto crece entre temperaturas más bien cálidas, no es capaz de aguantar ningún tipo de frío, mucho menos las heladas. No se aconseja que se siembre, dónde haya temperaturas bajas, es mejor resguardarlo, o meterlo en un invernadero.

Lo primero que hay que hacer para sembrar o germinar un mango es, comerse la fruta y dejar el hueso, dentro de él está la semanilla, y la capa amarilla que lo rodea solo es una especia de carcasa, que hay que abrir, para sacar lo que contiene en su interior. Se puede abrir con un cuchillo, siempre con mucho cuidado clavando la punta por las esquinas hasta que se vaya abriendo, tratando de no dañar las semillas del interior.

Una vez se ha extraído la semilla, hay que crear un ambiente idóneo, para que esta germine. Se coge un recipiente, da igual si es de plástico o de cristal, y un par de hojas de un rollo de papel de cocina, y la colocamos en el fondo del cuenco, aunque también se podría recurrir al algodón el caso de no tener a mano ese tipo de papel. Se coloca la semilla tumbada, de forma plana sobre el papel, y después la tapamos, dejándola totalmente envuelta, para así aportarle la oscuridad, que necesita para germinar. A continuación, hay que aportarle la humedad que necesita, y para ello, se le debe de echar agua, dejando la servilleta completamente mojada, pero no aguando la semilla, si hay exceso de agua, se debe retirar de inmediato, o el proceso no se llevará a cabo correctamente. Otra de las condiciones, en este caso climatológicas que necesita para la germinación es una correcta temperatura, por ello se puede meter en un sitio cerrado como una caja, un armario, cerca de una estufa, o al lado de una ventana, para que reciba la luz solar, y adquiera una temperatura agradable.

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Se debe de tener varios días, una semana o cinco días, como mínimo para poder ver cómo ya, le sale algún brote que otro, si se observa que el papel, o servilleta, se queda seco, hay que volverle a echar agua, hasta que quede empapada.

En unos diez o doce días, se coge el recipiente dónde se había debajo la semilla, y se destapa, y se podrá observar como de su interior, ya ha crecido una raíz de un tamaño cercano a los diez centímetros. Cuando se observe que esa raíz ha salido, se puede ya sembrar.

Esta fruta no es específica de un tipo de terreno, sino que es capaz de adaptarse a la mayoría de ellos, pero que, si necesita estar bien drenado, teniendo un pH que no este por debajo de 5,5 y que no llegue a alcanzar los 8. Para que, del árbol, nazcan bastantes frutos, la tierra debe recibir un elemento fundamental, como es el nitrógeno, y también el fósforo o el potasio, siendo todo ellos fundamentales para una buena producción.

¿ Dónde sembrar la semilla?

Para plantarlo, se debe coger una maceta que tenga buen fondo, con unos veinticinco o treinta centímetros. Dentro de ella se puede hacer una mezcla como puede ser el sustrato y el humus de un animal como es la lombriz de tierra, estos nutrientes van a favorecer el crecimiento del mango. Después de coge un objeto puntiagudo como puede ser un palo, un boli o lapicero, y se hará un agujero que tenga la misma profundidad, que el largo de la raíz que haya crecido en la semilla que se ha germinado. Es importante, que si la raíz ha nacido muy pegada a la semilla se tenga cuidado de no partirla, ya que se debe se sembrar de forma vertical, en línea recta. Después se tapa con el sustrato, pero no se tapa del todo, se deja una parte descubierta, lo único que se ha de tapar completamente es la raíz que ha crecido. Se le deben dar buenos riegos, que no sean abundantes, sino ligeros, pero de manera continuada, no se debe dejar el sustrato seco, sobre todo hay que mantenerlo vigilado en las primeras semanas para que se produzca una buena germinación del fruto. A continuación, se vuelve a colocar en un punto de la casa dónde reciba luz solar de forma directa, y adquiera una correcta temperatura. Se puede seguir usando la técnica del principio y con unas hojas de papel de cocina o servilleta humedecida, se puede tapar la parte de la semilla que no se había tapado con el sustrato. Se dejará así unos cuantos días, y poco a poco se puede observar cómo le irá creciendo el tallo. Será en una semana, cuando se podrá apreciar realmente, el crecimiento del tallo de manera notable. Una vez ya se ha formado correctamente una parte fundamental como es el tallo, la servilleta ya no será necesaria, por lo que se puede quitar, y se vuelve a dejar cerca de la ventana. Conforme van pasando los meses, con la luz y el calor adecuados, la planta irá aumentando su tamaño, y creciendo más y más.

Si se elige sembrar en un huerto, se puede colocar al lado un palo, que le sirva de guía para nacer recto. El mango irá naciendo por tramos, y en los primeros, se podrán observar como las hojas alternan el color verde con el tono rojizo.

Una vez ha alcanzado unos sesenta centímetros de altura, se pinza, se corta la yema principal, para que así de las axilas de las hojas, nazcan otras ramas nuevas, con esto se busca que el árbol se vaya abriendo. Tiempo después se podrá observar cómo tras haber hecho ese corte, nacerán tres ramas altas y largas, que se podrán usar como injertos más adelante.

A la hora de injertar, es importante que el tronco este fuerte y bien desarrollado, por lo que se puede hacer, cuando este alcance la edad de tres años.

¿En cuanto tiempo aparecen los frutos?

A la hora de injertar, es importante que el tronco este fuerte y tenga una estabilidad adecuada, por lo que se puede hacer, cuando este alcance la edad de tres años. Cuando tiene aproximadamente unos cinco años para que se puedan ver los primeros frutos, sin embargo, cuando tienen entre tres y cuatro años, ya empiezan a aparecer algunas flores, en tono blanquecino, o verdoso, por la primavera, cuando hay más bien un ambiente más seco, y la temperatura es más bien media, al igual que pasa con la humedad.

Dato o consejo importante:

A la hora de escoger un macetero para sembrar la semilla, se tiene que observar cuándo este crece para ir sustituyéndolo por otro, que se adapte mejor a su tamaño, para que las raíces tengan el espacio suficiente, en el que crecer. Otro aspecto a tener en cuenta es que, si habitas en una ciudad o pueblo con temperaturas frías, el macetero es mejor que sea de un color oscuro,como puede ser un marrón o un negro, pues estos captan y concentran mejor el calor que esta planta requiere para su desarrollo, además si se tiene la opción es mejor que sean de arcilla, que de plástico, porque resisten mejor el paso del tiempo, y no se deterioran con la luz solar. Además, es importante que tengan ciertos agujeros no necesariamente grandes, en el fondo para que liberen el agua que no quieren y que tampoco necesitan, absorviendo solo el necesario.

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