La jardinería es una afición que reporta grandes satisfacciones, al ver crecer tantas flores llenas de belleza, plantas que decoran y alegran la vista, árboles que poco a poco desarrollan su porte elegante o su sombra. Al fin y al cabo son seres vivos que necesitan cuidados, que se desarrollan, que tienen enfermedades y se ven atacados de plagas, que despliegan un enorme grado de colorido, que se marchitan…

Y todo el universo de los jardines y la floricultura comienza con algo muy pequeño, con unas semillas que caben en un puño. Cuando estas semillas se plantan en un tiesto o en la misma tierra, llegan a germinar y brotan. Ese primer brote es uno de los momentos más emocionantes para cualquier jardinero o aficionado a la botánica. Pueden ser unas hojillas, un botón verde, pero es el comienzo de todo.

Pero alcanzar ese instante en que la vida vegetal se despliega ante tus ojos precisa grandes cuidados: tienes que haber sembrado las semillas en el sustrato apropiado y que tengan las condiciones medioambientales más idóneas de luz y sombre, de agua, nutrientes y temperatura necesarias. Si todas estas circunstancias se exceden por exceso o por defecto, la germinación no se producirá.

Por eso, para que tengas éxito en tus esfuerzos de lograr que tus plantas germinen y sepas cómo germinar semillas, te damos las siguientes indicaciones.

Selecciona las mejores semillas

Evidentemente, el primer requisito para llevar a buen puerto tu meta de germinar las semillas sin problemas y conseguir que arraiguen las plantas que quieres ver crecer en tu jardín o patio, o incluso en tu balcón, desde una maceta de albahaca a unos rododendros, es obtener semillas de la mejor calidad.

Para ello, adquiere semillas jóvenes, es decir, que no tengan más de dos años de su recogida, y que se adapten bien al terreno donde vives y vas a plantarlas. No las compres en cualquier sitio, sino busca un almacén que sea conocido por su profesionalidad o en mercados locales de buena reputación agrícola o directamente a los propios productores de las semillas en tu entorno. Si lo haces en una tienda online, busca que venda semillas para cada región, incluida la tuya. Todavía mejor es que las semillas sean de plantas propias de tu comarca o zona geográfica, porque siempre tendrán más éxito en germinar aquellas semillas plantadas en su propio ecosistema.

Evidentemente, si tu propósito es germinar semillas de flores o plantas exóticas, procedentes de tierras lejanas a la tuya, ten en cuenta que necesitarás darles más cuidados y tener todos los conocimientos y pericia posibles para que no se frustre esa germinación.

Cada semilla en su momento

Otra cuestión de importancia es el momento de realizar la siembra, porque cada semilla tiene su momento adecuado. Por ejemplo, hay semillas que deberán germinar cuando todavía es invierno, antes de que comience la primavera, en interior y con una temperatura suave, y otras se ponen a germinar cuando cae el verano, o en primavera, de acuerdo al tiempo que luego necesitarán para crecer y llegar a dar fruto. Y hay semillas que tardarán más tiempo en un clima húmedo, aunque puedan cultivarse en ese terreno, que si fueran sembradas en una climatología menos lluviosa. Es imprescindible conocer los tiempos de crecimiento en relación a las condiciones meteorológicas y de calidad del sustrato donde se van a germinar, si se quiere llegar a buen puerto y no perder la planta en el proceso.

Para saber cuándo debes poner a germinar las semillas lee el sobre o paquete donde vengan, si las has comprado en ese tipo de envase, siguiendo los consejos del productor o vendedor. Pero puedes consultar con las personas del vivero o tienda donde adquieras las semillas, o buscar en internet, sabiendo con exactitud qué tipo de semilla es.

Y si, finalmente, no tuvieras una idea clara de cuándo se deben sembrar las semillas que tienes para que germinen con éxito, ante la duda ponlas en la maceta o recipiente que vayas a usar unos días antes de que se presente la última helada si es en invierno, y en un sitio cerrado, como un invernadero, un patio cerrado o una terraza cerrada con ventanales, donde la temperatura no sea demasiado baja ni reciba corrientes de aire. Si es con buen tiempo, prevé lo contrario, que no tenga ni excesivo calor, ni que le llegue la luz del sol de manera directa, ni corrientes de aire, y que tenga suficiente humedad. Cuando salgan los primeros brotes y suban unos centímetros, ya las podrías pasar a un lugar resguardado al aire libre. Este proceso es una forma bastante segura de que germinen las semillas para una mayoría de plantas.

El sustrato

Las semillas no se pueden poner a germinar en el sustrato o tierra corriente de tiestos, pues sus componentes son más ricos en nutrientes de lo que necesitan las semillas, que ya llevan todos los ingredientes necesarios para que sus necesidades queden cubiertas en el momento de la germinación, la propagación y el primer crecimiento. El sustrato especial para semillas lo podrás obtener fácilmente en la tienda o vivero o almacén especializado donde adquieras las mismas semillas.

También puedes preparar tu propio sustrato de germinación por medio de mezclar varios componentes, como serían la vermiculita con perlita y musgo esfagno, todo ello triturado y a partes iguales.

El semillero

El semillero o recipiente para que germinen correctamente tus semillas debe tener una profundidad de unos 8 centímetros, aproximadamente, y debería tener agujeros en el fondo. Los hay en forma de bandeja normal, o con casillas, cuadriculada, para que pongas en cada casilla una semilla, pudiendo poner a germinar distintas plantas. Pero es importante que la bandeja, sea del tipo que sea, tenga mucho espacio para que las semillas crezcan bien.

El semillero lo puedes comprar o puedes hacértelo tú mismo, utilizando una caja grande de zapatos, una caja de madera de cualquier uso, como puede ser una caja de transporte de fruta, una caja de cartón, incluso una huevera de cartón típica con su forma de panal. Piensa que no necesita que sea bonita o muy estética, porque en cuanto las semillas germinen, deberás transplantarlas a otro terreno, ya sea a una maceta o a la tierra de tu jardín o patio, cuando los brotes ya sean plántulas que necesitan otros cuidados.

Siembra las semillas

Toma la bandeja o recipiente que te servirá de semillero y rellénalo de sustrato o tierra especial para semillas de manera que quede por debajo del borde a un centímetro y medio. Rocía esa tierra con agua para humedecerla, pero sin que se encharque en ningún momento.

A menos que sepas que las semillas que vas a germinar no se deben remojar, mételas en un frasco y llena este con agua limpia a temperatura del ambiente. Déjalas toda la noche o mejor un día completo. Para sacarlas, usa un colador para colar el agua, y después seca las semillas con papel de cocina de forma somera. Plántalas de inmediato, con la humedad que puedan conservar, sin dejar que se sequen. En caso contrario, vuelve a meterlas en un bote con agua, pero tienes que plantarlas en pocas horas.

Pon las semillas de manera ordenada en el sustrato del semillero, con espacio entre unas y otras. Introdúcelas en la tierra un poco, con los dedos, y cúbrelas con una capa ligera de tierra. Pero ten en cuenta que hay semillas que no requieren ser tapadas con tierra, por lo que infórmate con antelación.

Y mientras surgen los brotes, mantén la humedad aspersando agua todos los días. Para que no se le vaya la humedad, tapa el semillero con papel de periódico, o con film de plástico. Cuando surjan los brotes y tengan unos pocos centímetros será el momento de transplantarlos.

¿Te ha gustado?
1 usuario ha opinado y a un 100,00% le ha gustado.